por Eduardo Mayora Alvarado
Siglo Veintiuno (25 jun 09)
Habiendo resumido el contenido del Posicionamiento de organizaciones de Pueblos Indígenas ante la situación nacional en mi columna de la semana pasada, paso ahora a su crítica.
La primera que me permito hacer es en contra de su carácter absolutista: todos los modelos ensayados por la República desde el día en que surgió hasta el de hoy, han sido un fracaso total y el Estado guatemalteco ha fallado en todo y siempre. Por otro lado, los pueblos indígenas, por lo visto entendidos como víctimas impecables en trágica resistencia, de culpas cero. Claro está, este enfoque presupone otra visión que, en mi opinión, tampoco refleja la realidad: la República de Guatemala como un objeto externo a los pueblos indígenas, como si las personas de carne y hueso que los integran pensaran en términos de “soy un indígena que vive en un territorio sobre el cual la República de Guatemala pretende ejercer jurisdicción”. Insisto, esto no es la realidad que percibo ni he percibido jamás, en una multiplicidad de contextos.
He tenido ocasión, por asuntos profesionales o académicos, por otro lado, de apreciar y de analizar junto a profesionales o estudiosos de países como Bolivia, Ecuador o Perú, qué modelos, regímenes o programas se han implementado allí en cuanto a la cuestión indígena. En ese sentido, creo que todos esos países han tenido más o menos el mismo éxito, o fracaso, según quiera vérsele, que Guatemala. Empero, los tres cuentan con recursos naturales (mineros o de hidrocarburos) particularmente significativos, en comparación con los de nuestro país.
Pero la deficiencia más importante del posicionamiento, en mi opinión, radica en plantear una vez más una serie de dirigentes y gestores de organizaciones, asociaciones o grupos más o menos representativos, los fines, valores o condiciones de vida a las que aspiran o a los que se adhieren. ¡Pero no nos dicen nada sobre cómo se pueden alcanzar esos fines o conseguir esas condiciones de vida! ¿Más democracia? Pues la democracia es un método para la toma de decisiones sobre asuntos de relieve colectivo, pero no para generar la electricidad que mueve las máquinas en las fábricas, que ilumina las lámparas en el salón de clases o que permite operar a los computadores que procesan la información. Tampoco hace germinar los productos de la tierra ni promueve el ingenio humano para descubrir nuevas semillas o mejorar las existentes; para formular fertilizantes y más eficientes sistemas de riego; para desarrollar mejores sistemas de transporte y puertos mejor equipados, etcétera.
El mejoramiento sostenido de las condiciones de vida de los guatemaltecos, sean o no de origen indígena, depende, fundamentalmente, de lo siguiente: que el régimen jurídico que efectivamente se aplique en el país, pueda permitirnos a todos y a cada uno de nosotros formularnos con certeza la siguiente expectativa: la medida de mi esfuerzo personal, de las inversiones de riesgo que realice o de los frutos de mi talento, será el factor principal de mi bienestar y del de mis seres queridos y todos los derechos y bienes que adquiera como resultado de ese esfuerzo o de esas inversiones o de ese talento, serán efectivamente protegidos por un gobierno eficaz y probo en contra de cualquiera que quisiera usurpármelos por la fuerza o despojarme de ellos mediante el engaño o el fraude.
No hay otra forma de organización social que propicie mejor el desarrollo, y sólo en esas circunstancias pueden florecer sentimientos como el de solidaridad.
25 junio 2009
El Posicionamiento de las Organizaciones de Pueblos Indígenas (II)
22 junio 2009
Retroceso primitivo
por Irmalicia Velásquez Nimatuj
elPeriódico (22 jun 09)
La decisión del presidente de Perú, Alan García, de apoyar la derogación de los decretos 1,090 sobre recursos forestales y fauna silvestre y 1,064 sobre el régimen jurídico para el aprovechamiento de las tierras de uso agrario, y su aceptación de: “Reconozco que no se conversó con los jefes de las comunidades nativas” para readecuar la legislación peruana al TLC con Estados Unidos es, aunque tarde, positiva y es un paso.
Lo difícil será deconstruir la ideología neoliberal y racista que permea a la clase política peruana de la cual García, desde que tomó posesión, es un exponente, una voz pública que no pierde oportunidad para expresar sus opiniones sobre los pueblos indígenas que sustenta en un concepto de raza biológico, que en las ciencias sociales y naturales ha sido superado y sustituido por un concepto de raza como constructo social. El eurocentrismo y etnocentrismo del Presidente se desbordan con o sin conflicto, por eso aprovecha cualquier espacio público para descalificar y negar a los “otros”. Así, en marzo de 2009, ante un grupo de banqueros mundiales expresó con naturalidad que los colombianos poseen “hiperactivismo racial físico, genético”, mientras que los andinos “tienen elementos psicológicos de derrotismo”. Pero lo más grave quedó grabado para el mundo, dentro del marco del actual conflicto con los 60 pueblos indígenas de la amazonia que se organizaron y se levantaron para demandar la derogación de los decretos legislativos que abrían la puerta a la venta y a la destrucción de sus territorios. Al ser entrevistado por la prensa, el día del sangriento conflicto, el Presidente dijo: “Ya está bueno, estas personas no tienen corona, no son ciudadanos de primera clase. ¿Qué pueden decir 400 mil nativos a 28 millones de peruanos: ‘ustedes no tienen el derecho de venir por aquí’? ¡De ninguna manera! Ese es un error gravísimo. Quien piensa de esa manera quiere llevarnos a la irracionalidad, al retroceso primitivo”.
Por no reconocer los derechos de los pueblos amazónicos es que dio la orden de desalojar a los indígenas con fuego, con un saldo trágico, aún no aclarado, por eso debe de ser investigado como lo recomendó el Relator de Pueblos Indígenas de la ONU James Anaya, quien viajó a Perú.
Los sectores de poder de América Latina deben saber que “detrás de los indígenas no se esconden instigadores” sino pueblos conscientes de su realidad y que no necesitan tutores para formular sus demandas.
21 junio 2009
REPORTAJE: LA BATALLA DE LOS INDÍGENAS
"El hombre blanco enloquece con la tierra"
"No queremos dar nuestra tierra a los blancos. Nosotros la protegemos, ellos talan árboles". Davi Kopenawa
Interesante entrevista en El País
por JOSEBA ELOLA
18 junio 2009
El Posicionamiento de las Organizaciones de Pueblos Indígenas (I)
por Eduardo Mayora Alvarado
Siglo Veintiuno (18 jun 09)
Con fecha 14 de junio del año en curso apareció publicado el Posicionamiento de organizaciones de Pueblos Indígenas ante la situación nacional. Suscriben este documento una serie de asociaciones, consejos y organizaciones de diversa índole, desde la Fundación Rigoberta Menchú Tum hasta el Consejo Nacional de Artistas Indígenas.
El posicionamiento se compone de tres partes. La primera expresa una crítica tanto a los regímenes de la República desde su fundación, como también a lo que allí se denomina el “fracaso del modelo de Estado” actual. Se sostiene que todos los modelos ensayados (de segregación, de asimilación, integracionista y desarrollista) han fracasado, con dos consecuencias concretas: que las élites políticas y económicas han explotado continuadamente una serie de privilegios y los pueblos indígenas han permanecido en la pobreza, víctimas de la desigualdad y el racismo. Se afirma, además, que la economía de “mercado capitalista” ha representado un peligro para las formas de organización social de dichos pueblos y que los mismos son titulares de derechos históricos y colectivos en materias política, económica, social y cultural.
En la segunda parte se manifiesta preocupación por la ola de asesinatos a todo nivel en el país; que la condición de “servidumbre” de los pueblos indígenas radica en el Estado fallido y ajeno que las élites se empeñan en reproducir y mantener y que el discurso antirracista del Gobierno es, digamos: del diente al labio. Eso se materializa en la falta de aprobación de una serie de iniciativas de ley propuestas por ellos y en que el Acuerdo sobre Identidad y Derecho de los Pueblos Indígenas y el Convenio 169 de la OIT, no se asumen, en la realidad, como compromisos de Estado.
En la tercera y última parte, se exige al Estado investigar los asesinatos “a partir de 1954”; se exige que el Estado reconozca que cometió genocidio contra el Pueblo Maya de 1978 a 1984; que no se utilice la coyuntura actual para manipular a la población indígena o para frenar la reforma fiscal; que se implante un modelo de desarrollo económico que respete los “territorios indígenas”, los “derechos sobre los recursos”, la identidad y los valores de los pueblos indígenas y que se inicie una reforma del Estado oligárquico y corporativo a uno verdaderamente democrático y de bien común. Uno en el que se promueva el “derecho a la diferencia” y un régimen de autonomías para dichos pueblos.
Por último —y todo esto es una síntesis— se plantea el lanzamiento de un nuevo régimen en el que tengan verdadera participación en los procesos políticos los pueblos indígenas y del que surja un nuevo tipo de sociedad.
Creo que este tipo de manifiestos no pueden ni deben criticarse como si fueran documentos de índole académica o con pretensiones de rigor científico, porque se trata de posicionamientos más bien políticos. Como tales, están siempre llenos de generalidades y de expresiones más o menos sugestivas, que sean fácilmente reconocibles por el público al que va dirigido y, por supuesto, que levanten polvo. Sin embargo, es innegable que transmiten un mensaje, un conjunto de ideas, visiones y valores y son, por lo tanto, objeto de crítica. Yo me propongo ofrecer una en mi siguiente columna.
Posicionamiento de organizaciones de Pueblos Indígenas ante la situación nacional
Kina’oj ri Nabéy taq Amaq’ (*)
Los indígenas de Iximulew vivimos una era de desencanto y somos testigos del desmoronamiento de los paradigmas de la igualdad que ofrecía la poca inspirada pero profundamente racista democracia liberal que nos fue impuesta luego de tres siglos de colonización, del fracaso del Estado segregador y del descalabro de los modelos asimilacionistas, integracionistas, desarrollistas y multicultural que se impulsaron el siglo pasado para doblegarnos como pueblos. A pesar del impulso de estos procesos estatales logramos mantenernos y sostener nuestras demandas aunque ha implicado recorrer una larga y sangrienta historia de injusticias. Reconocemos que nuestra fortaleza y continuidad colectiva se ha basado en no haber tirado a la basura los principios ancestrales de nuestras abuelas, de los ancianos y de los principales de nuestras comunidades.
Hoy vemos que la famosa transición de la dictadura a la democracia no fue exitosa, como lo vendían las élites, sino excluyente para los indígenas porque como pueblos no disfrutamos de la libertad, justicia e igualdad política y económica. Por el contrario, la economía de mercado capitalista ha representado un peligro para las formas propias de organización social, minando la solidaridad, perdiendo nuestros territorios, negándonos procesos de autonomía y haciendo cada vez más lejano el alcance de la justicia social. Por eso, planteamos que el rol político del Estado ha sido ineficaz frente a las múltiples urgencias de los pueblos indígenas, a pesar de nuestra activa participación en la producción económica nacional.
Por lo que pedimos a nuestros hermanos, especialmente a los más pobres, mantener los principios y la fortaleza en momentos de decadencia y no permitir ser usados, presionados o condicionados por míseras prebendas que denigran nuestra dignidad. Nosotros somos sujetos de derechos históricos y colectivos en materia política, económica, social y cultural. Por lo tanto, ante el fracaso del modelo de Estado que nos mantiene sumidos en una ola de violencia, pobreza e ingobernabilidad y a un paso de caer en una convulsión social,
Manifestamos:
- Nuestra profunda preocupación por el asesinato cotidiano e imparable de niñas, mujeres, adolescentes, pilotos de buses, estudiantes, obreros, campesinos, empresarios, dirigentes comunitarios y espirituales en todo el país.
- Recordamos que la situación que mantiene a los Pueblos Indígenas, que son la mayoría de la población, en condición de servidumbre radica en el Estado fallido y ajeno que las élites se empeñan en reproducir y mantener. Por eso, no es casualidad que el Acuerdo sobre Identidad y Derecho de los Pueblos Indígenas y el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, no se asuman como compromisos de Estado.
- Además, denunciamos que ha existido un retraso intencionado en el Congreso de la República para no aprobar leyes específicas que reconocen y promueven nuestros derechos como la Ley de Lugares Sagrados, Ley de Consulta a Pueblos Indígenas, Ley de Generalización de Educación Bilingüe, Ley de Jurisdicción Indígena y las reformas a la Ley de Consejos de Desarrollo, por mencionar algunas que fueron elaboradas e impulsadas por comunidades y organizaciones indígenas.
- A pesar del reconocimiento discursivo del racismo poco ha hecho el Estado para enfrentar las raíces de esta opresión. Por lo que el sector privado y los partidos políticos han seguido beneficiándose de los privilegios que reproduce la desigual jerarquía racial que prevalece en el país.
Por lo anterior exigimos:
- Que el Estado investigue los asesinatos a partir de 1954, por todos y cada uno de estos crímenes demandamos que se realice una profunda investigación y castigo a los responsables intelectuales y materiales.
- Que el Estado de Guatemala reconozca que cometió genocidio en contra del Pueblo Maya de 1978 a 1984 y que juzgue a los responsables intelectuales y materiales.
- Que la coyuntura actual no se utilice como pretexto, del Estado y del sector privado, para frenar la necesaria y urgente reforma fiscal.
- Que el gobierno y los partidos políticos no exploten la pobreza de la mayoría de la población indígena para transportarla a la capital y coaccionarla a participar en manifestaciones.
- Que se impulse la construcción de un modelo de desarrollo económico justo que respete los territorios indígenas, los derechos sobre los recursos, la identidad y los valores que los Pueblos Indígenas mantienen hacia la Madre Naturaleza.
- Que se inicie una reforma estructural del Estado de oligárquico y corporativo a uno verdaderamente democrático y de bien común. De practicante del racismo legal, institucional y estructural a uno que sea promotor del derecho a la diferencia. Y de centralizado y unitario a un Estado de autonomías.
A estas alturas es erróneo asumir que por definición los Pueblos Indígenas estamos en contra del Estado, pero sí estamos en contra de continuar al margen de los procesos políticos y administrativos que busquen la redefinición de los tres poderes del Estado. Por lo que no legitimamos, ni aceptamos la subordinación. Tampoco apoyamos una sociedad que institucionalice una visión única de vida, que promueve el egoísmo, el consumismo desmedido y que fomente la corrupción.
No queremos una sociedad sin normas en donde no se respeta la vida individual y colectiva de cualquiera de los pueblos, pero sólo reconociendo hasta dónde ha caído la clase política y el grado de fracaso del Estado guatemalteco se que podremos visualizar como actores conscientes propuestas, porque lo que está en juego, no es sencillamente la defensa de la institucionalidad, sino qué tipo de sociedad podemos construir con lo que ha quedado, para poder iniciar el cierre de esta era de ambición, desilusión y exclusión de la democracia elitista.
· Asociación de Pueblos Indígenas de Huehuetenango contra la Minería.
· Conferencia Nacional de Ministros de la Espiritualidad Maya Oxlajuj Ajpop.
· Consejo Nacional de Artista Indígenas.
· Consejo Nacional de Educación Maya, CNEM.
· Consejo Observancia de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas, Sotz’il.
· Consejo Trece B’aqtun.
· Rajpop ri Maya Amaq’ Consejo de Organizaciones Mayas de Guatemala, COMG.
· Coordinadora Campesina Marquense Madre Tierra, Nan Tx’Otx´, ACOMNAT.
· Asociación Mujer Tejedora del Desarrollo, AMUTED.
· Fundación Rigoberta Menchú Tum.
· Alcaldía Indígena de los Cuarenta y Ocho Cantones de Chwimiq’ina’, Totonicapán.
· Colectivo Tz’onoj Tzij.
· Iniciativa E’.
Job’ Ix, Chi Iximulew
Guatemala, 14 de junio de 2009.
Con el apoyo del Mecanismo de los Pueblos Indígenas Oxlajuj Tz’ikin.
(*) Fuente: elPeriódico de Guatemala, 14 de junio de 2009. Página 13. Campo Pagado.
16 junio 2009
Bolivia: Elecciones Generales 2009
por Paul Antonio Coca Suárez
Pukara, La Paz (15 de junio - 14 de julio de 2009)*
Debemos empezar diciendo que el siguiente Presidente será un indígena del Occidente Boliviano. ¿La razón? Los principales candidatos que se están perfilando así lo demuestran. El Presidente Evo Morales, de origen aymara, buscará su reelección acompañado nuevamente por Álvaro García Linera; muchos dan por sentada una nueva victoria del MAS. Otro aymara que se presentaría es el ex Vicepresidente Víctor Hugo Cárdenas, quien tiene apoyo en los departamentos orientales, además de haber sido uno de los principales promotores de la campaña por el No a la Nueva Constitución.
Otra figura aymara que puede presentarse a los comicios de diciembre es la de Felipe Quispe, el Mallku, quien está articulando un fuerte sector y ha refundado el Movimiento Indio Pachakuti (MIP). La apuesta de Quispe estaría en conseguir el apoyo de quienes apoyan el proceso de cambio iniciado en 2005, pero que están descontentos con el MAS.
Pero los quechuas no se quedan atrás, lo que corrobora nuestra afirmación de que el siguiente Presidente de Bolivia será un indígena occidental. Alejandro (Alejo) Véliz ha sido proclamado candidato por Pueblos por la Libertad y Soberanía (PULSO) y está recorriendo el país y promoviendo el discurso de “una sola Bolivia, una sola bandera, una sola justicia, una sola nación”. Otro quechua que ha sido proclamado es el alcalde potosino René Joaquino Cabrera, quien se presenta por Alianza Social (AS), y cuyo lema es “Por una Bolivia unida”.
Como vemos, los principales aspirantes a la Presidencia de Bolivia son aymaras y quechuas; en estos comicios se espera un debate ideológico y no las habituales confrontaciones físicas y verbales. Los anteriores no son o serán los únicos candidatos, pero sí los principales aspirantes.
* Tomado del ensayo "Culminar la inclusión indígena en el poder: Elecciones y candidatos indígenas en Bolivia" en p. 8
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12 junio 2009
Autonomía Indígena
por Estuardo Zapeta
Siglo Veintiuno (12 jun 09)
La crítica del Movimiento Indígena al Estado, guatemalteco en nuestro caso, es que éste ha sido excluyente, racista, centralista, y que con base en esas características —además de su sistema de Justicia monista— ha servido para garantizar privilegios y protecciones a grupos de poder que tienen su mejor representación en el sistema de partidos políticos, en la dizque propiedad privada, y que buscan seguir una relación de explotador-explotado como sistema económico. (Lo sé, esto suena como el regreso a aquellos oscuros años del conflicto armado, y a la discursividad fosilizada, muy lejos de la dinámica global, pero, nos guste o no, esa es la crítica poco evolucionada, porque, debe admitirlo, tampoco el Estado, en sus versión latinoamericana, ha evolucionado).
Sin embargo, me parece una sonora contradicción que cuando propongo el tema de Autonomía Indígena todos mis interlocutores indígenas, con quienes me gustaría tener un debate en esta línea, me acusen de separatista y balcanizador, desestabilizador, y también de racismo por antirracismo.
El problema fundamental para los líderes indígenas al rechazar de entrada el argumento de la Autonomía Indígena está en que muchos fueron formados dentro de las filas de la ex guerrilla, o dentro de un marxismo light, y por lo tanto jamás aceptarían un Estado no unitario que les impida el control central, clave de su persecución del poder en la otrora lucha de clases, y por lo tanto la repartición y redistribución —esa palabreja surge con frecuencia— en la solidificación, pero de ellos, en el poder.
Autonomía significa ceder poder y recursos centralizados.
De hecho, las clases tienen sentido sólo en el contexto del Estado monista, no en un Estado que refleje una Nación diversa que pueda coexistir dentro del imaginario Guatemala, y que localmente pueda tomar decisiones para puntualizadas colectividades sin tener que recurrir “al centralismo racista, excluyente, ¡ah! sí, y también monista”, y el rosario de adjetivos que mucho de los cuales comparto.
Para mí, hasta hoy, el argumento indígena contra el Estado es sólo una protesta que se basa en una ideología que ha probado estar equivocada, y que ante la prueba de la Autonomía —una especie de prueba de ácido— se cae.
El otro proceso de cambio sería una revolución, pero a eso —y correctamente—renunciaron tanto el Movimiento Indígena, como la ex guerrilla, así como los mismos entes militares que soñaban alcanzar el poder por esos medios arcaicos y poco aconsejables, como el golpe de Estado.
Entonces propongo repensar el Estado guatemalteco en Autonomías Indígenas, vaya pues, no les digamos indígenas sino Regionales, sin un ente central y racista, en el cual las comunidades de manera independiente tomen sus decisiones aún de aplicación de Justicia, sea pertinentemente cultural, autosostenible, y que se reinvente a sí mismo sin centro.
Los primeros en oponerse son mis líderes indígenas; le siguen los izquierdistas estatistas y centralistas, y de la mano con esos dos, no se ría, los derechistas librecambistas y mercantilistas que también usan el Estado central para privilegios y protecciones, y maman de esa vaca central.
Quién lo creería, ¿verdad?
10 junio 2009
El mestizaje guatemalteco en Corea
por Mario Roberto Morales
elPeriódico (10 jun 09)
Escribo estas líneas en una residencia para profesores de la Universidad Nacional de Seúl, cuyo Instituto de Estudios Latinoamericanos me invitó a compartir mi teoría del mestizaje intercultural diferenciado, como propuesta política para la democratización interétnica de Guatemala. Cuando terminé mi intervención, habló la doctora Choi Jin Sook, quien ha trabajado en Momostenango estudiando las diferentes formas de la identificación cultural indígena del altiplano. Los invitados internacionales fuimos Miguel Carrera, de la Universidad de Salamanca, Jorge Fornet, director del Centro de Investigaciones Literarias de la Casa de las Américas y presidente del Premio Casa, y yo.
Además del intenso interés que existe en la academia coreana por la interculturalidad guatemalteca (tanto entre los estudiantes de posgrado como entre sus profesores), me sorprendió la madurez con la que se está estudiando aquí esta problemática, incluido mi debate con John Beverley (quien estuvo acá hace un mes) y otros desencuentros en la discusión acerca del esencialismo “maya”. Por ejemplo, el antropólogo estadounidense Bradley Tatar, al desarrollar una interesante ponencia sobre la contradicción que él ve en los antropólogos de su país que abogan por el mestizaje en Estados Unidos mientras que en América Latina lo combaten como racista, mencionó a Kay Warren y a Charles Hale como ejemplos de académicos gringos que afirman que yo niego la cultura “maya” y que pretendo acabar con su voz porque propongo estudiar Guatemala como un conjunto de mestizajes interculturales diferenciados, y por ello me caracterizan como racista. Cuando escuché a Tatar decir esto, no pude sino pensar en los criollos, ladinos e indígenas mayistas de mi país que dicen lo mismo y que quisieron asustar con eso a mis estudiantes del doctorado de la Flacso, antes de que les diera el curso “Teorías posmodernas y movimientos culturalistas”, que finalicé en mayo.
Qué bueno sería, le dije al público, que en Guatemala existiera un interés académico acerca de nuestro problema intercultural, tal como lo hay aquí. De hecho, Guatemala ocupó toda la primera parte de esta “Conferencia internacional sobre nación, raza y movimientos sociales” y, a lo largo de la segunda parte, tanto la intervención del economista español Miguel Carrera como la del literato cubano Jorge Fornet, aludieron a mi pequeño y horrendo país en varias ocasiones.
El director del Instituto de Estudios Latinoamericanos, Kim Chang Min, doctor, así como la profesora mexicana Claudia Macías, se encargaron de que nuestra estadía se desarrollara espléndidamente, con la invaluable asistencia de un grupo de doctorandas y estudiantes de maestría. El interés que todos ellos demostraron tener sobre América Latina y, en especial sobre Guatemala, me sigue impresionando, pues su comprensión desapasionada de los debates en marcha les permite estudiar con reposada lucidez lo que entre nosotros es virulento, debido a la influencia perniciosa del puritanismo protestante de los profesores gringos “políticamente correctos” y de su irrenunciable pater(mater)nalismo conductista hacia el “buen salvaje” latinoamericano.
Resulta por todo satisfactorio tener en Corea un grupo de interlocutores académicos que entienden Guatemala mejor que muchos guatemaltecos y que los académicos extranjeros que acusan de racista a quien no idealiza a los “mayas”, y haber construido con ellos un intercambio intelectual permanente y una amistad duradera con base en el mismo interés compartido.
08 junio 2009
Dolorosa indignación
Por Irmalicia Velásquez Nimatuj
elPeriódico (8 jun 09)
Dolorosa indignación ha provocado en los pueblos y organizaciones indígenas la masacre de más de 25 indígenas y más de 80 heridos de bala, varios de ellos niños y adolescentes. El ataque fue perpetrado el pasado 5 de junio, en el norte de Perú, en la Cruz del Diablo, Bagua Chica, en la provincia de Utcubamba, región Amazonas, por fuerzas policíacas del gobierno del presidente, Alan García. Además, el caos provocado por los ataques fue aprovechado por fuerzas de seguridad para detener a un número no determinado de personas que han sido trasladadas de manera ilegal a la base militar “El Milagro”.
Las fuerzas de seguridad, según detectaron los indígenas, lucharon por infiltrarse en el movimiento y no dejaban de recabar y enviar información a sus superiores sobre los movimientos de los líderes y se prepararon durante semanas para desalojar brutalmente a los colectivos que mantenían tomada la carretera de acceso a la ciudad de Bagua, en el marco de una huelga de casi dos meses.
La historia de resistencia indígena vuelve a mostrar la repetición de un patrón común de los Estados formalmente monoculturales y racistas como lo es Perú y la mayoría del continente, cuya institucionalidad niega el pleno ejercicio de los derechos a los pueblos indígenas, especialmente cuando asumen con conocimiento y colectivamente su derecho a decidir por sus vidas, tierras, territorios y recursos. La línea que divide las demandas de los derechos culturales y los derechos por recursos es la que define a los indígenas que serán aceptados y le serán útiles al sistema y a los indígenas rebeldes que deben ser callados.
Los pueblos indígenas de la amazonia peruana han pedido al Estado que les escuche, que les permita ser parte de la redefinición y creación de los marcos legales para que sus demandas y sus formas de vida queden reflejadas y respetadas en los instrumentos legales. Sin embargo, han sido asumidos con profundo eurocentrismo y un colonial racismo que los margina y los ubica como los salvajes, los que viviendo sobre la riqueza natural se niegan y se cierran al desarrollo del mundo global y de los beneficios que ofrece la inversión trasnacional.
Ojalá el Estado peruano permita una amplia discusión del Decreto Legislativo 1090, que provocó esta masacre.
07 junio 2009
Recomendación de lectura sobre laicismo
Me pareció muy bueno este artículo publicado el 2 de junio 2009 en El País (página 29):
Por qué hablan de laicismo "agresivo"
PAUL CLITEUR
Esta es la ilustración de la edición impresa. CM
19 mayo 2009
Reflexiones en torno a discursos polarizados
por Brisna Caxaj(*)
En los últimos días, Guatemala ha sido testiga de movilizaciones que reflejan distintas posturas, exigencias, demandas e inconformidades que ha generado la acusación de asesinato, que hiciera el licenciado Rodrigo Rosenberg en un video grabado antes de su muerte.
En este caso muchas preguntas surgen y se encuentran pocas respuestas claras. ¿Cuáles son las razones y quiénes son los autores intelectuales? ¿Qué hay detrás de este asesinato y del video? Lo que sí puede apreciarse es que esto agrava la inestabilidad política e ingobernabilidad del país. Por otra parte, la acusación que se hace al Presidente, su esposa y a otros funcionarios, cierta o no, requiere la aclaración de los hechos. Aunque la misma acusación en el video no queda clara, este hecho exige un tratamiento que no vulnere más al Estado. El papel de la CICIG (Comisión Internacional en Contra de la Impunidad en Guatemala) en investigar lo ocurrido es importante en este proceso.
A pesar de que los hechos aún no se esclarecen, y de que no hay pistas contundentes, varios han tomado ya posturas. Algunos piden la renuncia del Presidente; otros, que se aparte del cargo mientras se realizan las investigaciones, otros que se investiguen los hechos, otros que no se investigue sólo este hecho sino todos los que han quedado impunes.
Las reacciones y movilizaciones que se han generado en los últimos días y especialmente las del domingo recién pasado, reflejan una serie de posiciones que no pueden ser polarizadas. Es decir que no son dos posiciones únicas, enfrentadas entre sí, de los buenos y los malos, de los pobres y los ricos, como algunos han manejado.
Es innegable la presencia de algunos sectores de la clase empresarial, de élites económicas, en la movilización vestida de blanco que hubo desde la Plaza Italia, al Obelisco y zona 14, y que en sus posiciones tienden a pedir un alto a la violencia y la renuncia del Presidente, entre otras. También se han visto desde estos grupos, pancartas, consignas y declaraciones que establecen que ésta “no es una confrontación de clases, de ricos y pobres, sino de justicia.” Por otro lado, el gobierno, recurriendo a su cara populista, e imagen “social-demócrata” se atribuye el apoyo del pueblo, de los pobres. También es probable que haya utilizado recursos del Estado para la movilización, principalmente de personas de varias regiones del país, (lo cual no es una estrategia nueva y exclusiva de este gobierno).
Aunque esta situación ciertamente no se trata de ricos y pobres, analizar algunas de las opiniones vertidas por los distintos grupos refleja ideas polarizadas, jerarquizadas y racializadas que están internalizadas en la sociedad. En varios sitios de Internet se puede leer comentarios que reflejan estas ideas, como por ejemplo los que acusan a quienes apoyan al gobierno de ignorantes y manipulables. La serie de características asociadas nos reflejan esas ideas jerarquizadas y racializadas. Se pueden leer frases como “pobres indígenas”, “gente que no sabe leer”, “se venden por una tortilla y frijoles.” Estas ideas, expuestas por personas y grupos opositores, son asociadas a las personas que apoyaron al Presidente, calificándose a sí mismos de manera opuesta, como “a nosotros no nos pagaron para venir”, “venimos por convicción”, incluso frases como “es hora que los ricos le enseñen a salir de su ignorancia.”
Como se establece anteriormente, las posiciones no son entre dos únicas posiciones, ni tampoco puede generalizarse, sin embargo esta situación polariza más a la sociedad. Se vislumbra un clima de tensión y confrontación, en el cual se seguirán evidenciando esas ideas estereotipadas y jerarquizadas que se han naturalizado en la mentalidad de muchos guatemaltecos.
A pesar del clima de tensión, esta situación puede ser una oportunidad para encauzar una serie de demandas y presiones para contrarrestar la impunidad, pero no a favor únicamente de unos sectores. Es una exigencia además que por años han mantenido organizaciones sociales, de derechos humanos, de mujeres, indígenas, campesinas, ante los crímenes de guerra, los asesinatos violentos de mujeres, la represión y criminalización de los movimientos sociales.
(*) Área de Estudios sobre Imaginarios Sociales de AVANCSO, esta opinión fue el editorial del noticiero Maya K'at de la Federación Guatemalteca de Educación Radiofónica -FGER- del día martes 19 de mayo del 2009. www.fger.org
